De acuerdo con datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el precio de la fruta y la verdura fresca ha aumentado cerca de un 60% desde 2020. Por su parte, el mercado de frutas y verduras congeladas ha experimentado un incremento en el precio del 30%. A esto hay que sumarle que, en el mismo lapso, el consumo de vegetales frescos ha caído un 15%, frente aal crecimiento de un 30%. ¿Nos estamos alimentando peor? ¿Cambiamos practicidad y economía por salud? No es tan fácil. Y menos aún, tan obvio.
De acuerdo con un ensayo publicado por Margaret Murray, experta en nutrición de la Universidad de Swinburne, durante décadas, hemos asociado una idea casi automática a nuestra cesta de la compra: cuanto más fresco es un alimento, más sano resulta. Las frutas recién recogidas, las verduras del mercado o el pescado del día parecen ocupar el escalón más alto de la alimentación saludable, mientras que los productos congelados o enlatados suelen verse como una alternativa de segunda categoría. Pero ¿es realmente así?
En muchos casos, sostiene Murray, un alimento congelado puede conservar prácticamente el mismo valor nutricional que uno fresco e, incluso, superar a este si ha pasado varios días viajando, almacenado o expuesto en un supermercado. La clave no está tanto en el método de conservación como en el tiempo.
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