La idea de que el ictus es una enfermedad casi exclusiva de la vejez ha quedado atrás. Datos recientes muestran que, en la actualidad, entre un 5% y un 15% de los ictus se producen en personas menores de 55 años en países de ingresos altos, y hasta un 24% en países con menos recursos. Y lo más preocupante es que la incidencia en jóvenes está aumentando desde principios del siglo XXI. Los datos son alarmantes: si antes se registraban 11 ictus al año por cada 100.000 jóvenes, hoy la incidencia ronda los 21, un 90% más.
Esta tendencia al alza no tiene una única causa. Especialistas del Hospital Clínic Barcelona la atribuyen a una combinación de factores: el aumento de los factores de riesgo clásicos –cada vez más prevalentes y a menudo mal controlados en edades jóvenes–, la aparición de nuevos riesgos ligados al estilo de vida y, posiblemente, ciertos cambios sociales y sanitarios.
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