Que la actividad física reduce el riesgo de demencia es una idea asentada en la literatura científica desde hace años. Pero ahora, un metaanálisis publicado en The Lancet Public Health y liderado por David Raichlen (USC Dornsife College of Letters, Arts and Sciences), añade un matiz: no toda la actividad física protege por igual. El contexto en el que se realiza -trabajo u ocio- parece determinar si el movimiento beneficia o no al cerebro.
El equipo investigador analizó datos de 74 estudios de cohortes y de casos y controles, con la participación de más de 4,2 millones de personas de entre 45 y 93 años en 30 países, con un seguimiento mediano de 10 años. Las personas con niveles más altos de actividad física de ocio -caminar, nadar, correr, montar en bicicleta o practicar deporte- presentaron un riesgo de demencia un 24% menor que las menos activas. La actividad física doméstica también pareció beneficiosa, aunque la evidencia procede de un único estudio.
En cuanto a la actividad física ocupacional se asoció con un riesgo de demencia un 20% mayor. Los desplazamientos activos al trabajo mostraron un incremento modesto del riesgo, aunque este último hallazgo se basa en solo dos estudios.
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