La canícula que vivimos estos días puede favorecer una peligrosa confusión. Problemas para hablar, alteración repentina de la visión, mareos, dolor de cabeza intenso o alteración del nivel de consciencia son síntomas que pueden atribuirse a una bajada de tensión, al cansancio o a una deshidratación por el calor extremo. Pero también son señales de alarma de un ictus, una patología en la que el tiempo es determinante, por lo que esperar para ver si los síntomas mejoran puede reducir las opciones de tratamiento y aumentar el riesgo de secuelas.
«Tanto el golpe de calor como el ictus son cuadros que pueden ser graves. Ante la duda, lo más importante es avisar al servicio de emergencias 112 y que los profesionales sanitarios sean los que diluciden cuál de los dos es», recomienda, en conversación con ABC, el doctor Manuel Requena, neurointervencionista en el Hospital Vall d’Hebrón y miembro del Grupo Español de Neurorradiología Intervencionista (GENI).
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