La llegada del verano y sus altas temperaturas pueden alterar, de forma inconsciente, algunos de nuestros hábitos cotidianos. Tal es el caso de la cena. Como las horas de luz se prolongan, muchos retrasan la hora de la cenar para seguir compartiendo con amigos y familia.
Pero esta acción tiene un efecto en el descanso nocturno. Y es que puede traducirse en una noche dando vueltas en la cama, con pesadez, y un despertar fatigado. Esto sucede por un conjunto de factores, tanto en el interior de nuestro cuerpo como en el exterior. A continuación te los compartimos y los pequeños ajustes que podrías hacer para corregirlos.
La digestión compite con el inicio del sueño
Cuando comemos, el cuerpo destina gran parte del flujo sanguíneo al proceso de la digestión, manteniéndose en un estado de alerta metabólica. El cual es incompatible con la relajación necesaria para conciliar el sueño. De manera que si cenas tarde y te acuestas justo después de comer, el cuerpo intentará hacer ambos procesos y el descanso saldrá desfavorecido.
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