La dieta de la alcachofa. La dieta del melón. La dieta de los zumos de frutas… Hay personas, sobre todo mujeres, de 30 a 40 años que llevan toda su vida haciendo dietas a las que se añade ejercicio compulsivo. Su principio fundamental es no engordar. Es lo que se conoce como permarexia y es una de las muchas formas de presentación de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) no específicos o no especificados, a menudo ocultos.
Los TCA más conocidos son la anorexia y la bulimia nerviosas, pero esto ha cambiado en los últimos años, especialmente después de la pandemia. «Se ha ido modificando la presentación de este tipo de patología. Aunque se conservan la anorexia y la bulimia tradicionales, lo que llamamos cuadros clásicos, está apareciendo toda una serie de manifestaciones y alteraciones de la relación del individuo con el alimento, con la nutrición», explica Antonio Torres, miembro del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), que está celebrando estos días su congreso en Oviedo (Asturias).
Para Torres estos TCA silenciosos y menos visibles se deben a un «trasfondo biológico, genético, hormonal, lo que podríamos llamar un eje absolutamente cerebro-metabólico, y es altamente difícil de tratar desde el punto de vista biológico. Pero además tenemos todo lo que es el componente psicosocial». Lo que sí recalca Torres es que ninguna de las formas de TCA es ninguna moda, «no es ninguna elección personal de un individuo, es alguien que involuntariamente cae en una enfermedad».
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