La preocupación por la invasión de los microplásticos se ha centrado principalmente en los océanos, los estómagos de la fauna marina o la degradación de los ecosistemas. Sin embargo, el vertedero más problemático para estos productos puede estar mucho más cerca de lo que pensábamos: en nuestro propio torrente sanguíneo.
Un nuevo estudio internacional publicado en la revista ‘European Heart Journal’ acaba de revelar que las personas que sufren un infarto agudo de miocardio presentan niveles significativamente más altos de micro y nanoplásticos en la sangre que suministra directamente al corazón, en comparación con pacientes sanos o con dolencias crónicas estables.
El hallazgo, liderado por científicos de las universidades de Roma, Verona y Campania en Italia, supone un salto cualitativo en la comprensión de cómo los contaminantes ambientales afectan a nuestra salud cardiovascular. Ya no se trata solo de que estas partículas microscópicas —fruto de la degradación de envases, ropa y neumáticos— viajen por nuestro cuerpo; la investigación demuestra una asociación directa entre la acumulación de estos materiales en la circulación coronaria y la aparición de eventos cardíacos graves.
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