Sentir menos hambre cuando hace más calor tiene una explicación. Con la llegada de las altas temperaturas, no solo los platos calientes dejan de resultar atractivos, sino también los manjares contundentes. De ahí que en esta época del año ganen protagonismo las comidas frescas, frente a un plato de garbanzos o unas lentejas, y tiene una explicación.
El calor afecta directamente al hipotálamo, la zona del cerebro que regula la temperatura y el hambre. Y no solo.
«Existen varios mecanismos fisiológicos por lo que el calor disminuye el hambre. Uno de ellos es el control de la temperatura corporal interna, y ya que el comer aumenta dicha temperatura, una forma indirecta de controlar este incremento es disminuir el apetito», explica el doctor Juan Carlos Percovich, jefe de Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Ruber Internacional, en Madrid, perteneciente al Grupo Quirónsalud.
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