‘Sólo las personas con mucha fuerza de voluntad pueden dejar de fumar’ o ‘quien fuma menos de 5 cigarrillos diarios no es realmente fumador’ son algunos de los mitos y falsas creencias que todavía circulan alrededor del consumo de tabaco y que pueden influir en las decisiones que las personas toman sobre su salud. En España, el tabaquismo es responsable de más de 50.000 muertes al año y un importante reto en materia de salud pública. Pese a dos décadas de políticas de control del tabaco, más del 25% de los adultos españoles sigue fumando diariamente y aproximadamente el 65% de las personas que intentan dejarlo recaen en los tres primeros meses. Frente a esta realidad, existen recursos asistenciales y farmacológicos útiles para quienes buscan dejar este hábito y que no siempre se tienen en cuenta, a pesar de su eficacia.
El principal error, advierte el farmacéutico Julián Láinez, es simplificar una adicción compleja. “La nicotina actúa sobre determinados receptores cerebrales y genera una dependencia que va mucho más allá del hábito. A ello se suman factores psicológicos y conductuales, por lo que dejar de fumar no suele ser un acto puntual ni una simple cuestión de voluntad, sino un proceso que, en muchos casos, requiere acompañamiento sanitario y apoyo terapéutico”, señala.
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