Un trabajo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Rochester (Estados Unidos), analiza por qué afecciones como el estrés crónico, la depresión, las enfermedades cardiovasculares, la falta de sueño y el envejecimiento se asocian con un mayor riesgo de demencia.
En un nuevo artículo de revisión publicado en ‘Science’, la neurocientífica Maiken Nedergaard, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Rochester, propone que muchas de estas afecciones aparentemente diferentes pueden converger en el mismo problema biológico: la alteración de un ritmo cerebral dependiente del sueño que ayuda a eliminar los desechos del cerebro.
DEL ESTRÉS CRÓNICO A LA FALTA DE SUEÑO
El artículo presenta una nueva forma de concebir el sueño, no simplemente como un periodo de descanso, sino como un estado biológico altamente organizado que coordina la química cerebral, el movimiento de los vasos sanguíneos y el flujo del líquido cefalorraquídeo para favorecer el proceso de limpieza nocturna del cerebro.
El texto también señala un posible biomarcador, la variabilidad de la frecuencia cardíaca, que ya se puede monitorizar con dispositivos portátiles de consumo, como una forma sencilla y no invasiva de evaluar la salud cerebral relacionada con el sueño e identificar a las personas con mayor riesgo de deterioro cognitivo.
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