El asma es una de las enfermedades respiratorias crónicas más frecuentes en la infancia. Se caracteriza por una inflamación persistente de las vías respiratorias que puede provocar tos, pitos (sibilancias), presión en el pecho, sensación de ahogo o dificultad para respirar. En España, se estima que alrededor de un 10% de los niños y adolescentes la padecen. Aunque los síntomas pueden ser leves o intermitentes, un mal control de la enfermedad puede desencadenar crisis graves que afectan al bienestar del niño y de su entorno familiar. La mejor forma de controlarla es seguir un tratamiento antiinflamatorio diario, que permita mantener la inflamación bajo control y prevenir exacerbaciones.
Con motivo del Día Mundial del Asma, la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP) recuerda que muchas crisis son prevenibles con un buen manejo de la enfermedad y, en línea con el lema de la Iniciativa Mundial para el Asma (GINA) para 2026, subraya la necesidad urgente de garantizar el acceso y el uso adecuado de inhaladores antiinflamatorios.
Consejos prácticos
El asma va más allá de los episodios de síntomas evidentes. Las crisis asmáticas marcan los momentos de mayor intensidad, pero no explican por sí solas el funcionamiento de la enfermedad. “Son los episodios que más alertan a las familias, pero no siempre coinciden con todo lo que está ocurriendo en los bronquios”, señala el Dr. Jaime Lozano Blasco, pediatra y jefe de la Sección de Alergología del Hospital Sant Joan de Déu y coordinador del Grupo de Trabajo de Alergia Respiratoria y Asma de la SEICAP. “Aunque el niño se encuentre aparentemente bien, el proceso inflamatorio puede mantenerse”, añade.
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