Los mosquitos proliferan en verano debido a las altas temperaturas y a las lluvias de la primavera. Si vienen a nosotros es porque les gusta nuestra sangre. Para extraerla cuentan en su saliva con un anticoagulante que introducen en nuestro torrente sanguíneo al picarnos. Así, bloquean la acción de las plaquetas.
Ocurre, sin embargo, que nuestro sistema inmunitario reconoce la sustancia que deja el insecto como algo ajeno y la ataca, lo que provoca la inflamación de la zona y la picazón. Lo que vemos entonces, ahí nos enteramos, es que nos ha picado un mosquito, en realidad, una «mosquita» (las hembras necesitan las proteínas de nuestra sangre para completar la maduración de sus huevos).
La mayoría de las picaduras de insectos son leves, también las de mosquitos. Pueden causar picazón, hinchazón y escozor que desaparecen en uno o dos días.
Sólo hay dos complicaciones de las picaduras de mosquitos. Una es la sobreinfección. Las picaduras de insecto que se sobreinfectan presentan un aumento del enrojecimiento mas allá de los primeros días. A veces, aparece una línea roja que se extiende unos centímetros más allá de la picadura (linfangitis).
Pero en determinadas personas, las picaduras de mosquito pueden provocar una reacción alérgica. La hinchazón que produce dolor y picazón a veces se puede confundir con una infección bacteriana.
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