El clima cálido y los días largos nos invitan a disfrutar del contacto con la naturaleza, nuestra mejor aliada para recargar pilas y aumentar nuestro bienestar. Sin embargo, pasar más tiempo al aire libre nos expone a las picaduras de insectos como las garrapatas, cuya población se ha disparado en los últimos años y que pueden transmitir infecciones tan graves como la enfermedad de Lyme o la fiebre botonosa mediterránea.
«Aunque siguen siendo infecciones poco frecuentes, las hospitalizaciones por esta causa se han multiplicado en las dos últimas décadas y los casos continúan ascendiendo. Incluso están apareciendo casos de fiebre de Crimea-Congo, más infrecuentes pero graves», afirma Julio Maset, médico de Cinfa.
La mayor presencia de garrapatas en los montes y campos –y ahora, también en parques urbanos y zonas costeras– se explica por factores como temperaturas más elevadas, cambios en la distribución de las poblaciones de especies y la mayor proximidad del ser humano a los hábitats rurales.
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