El sueño y su arquitectura se van modificando con la edad. Mucha gente, conforme cumple años, manifiesta tener la sensación de que duerme menos. No es una sensación, es la realidad. Un reconocido metaanálisis publicado en 2004 en la revista Sleep concluyó que el tiempo total de sueño va disminuyendo de forma lineal, a un ritmo de entre 10 y 12 minutos por cada década que envejecemos durante la adultez hasta llegar a los 60 años, donde ese tiempo se estabiliza. Ese mismo estudio encontró que la proporción de tiempo que estamos en la cama realmente dormidos es de apenas el 80% en las personas de 70 años, mientras que en la adolescencia esa proporción alcanza el 95%.
“Esto no quiere decir que necesitemos dormir menos, sino simplemente que nos resulta más difícil dormir el tiempo necesario”, matiza Juan Antonio Madrid, catedrático de Fisiología y fundador del Laboratorio de Cronobiología y Sueño de la Universidad de Murcia. Lo que ocurre, según el autor de El sueño del Sapiens (Plataforma Editorial), es que con la edad se reduce el tiempo de sueño profundo, lo que aumenta los despertares y, por tanto, la fragmentación del sueño. Por otro lado, añade la doctora Sandra Giménez Badia, neurofisióloga clínica del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, se produce un desajuste progresivo de los ritmos circadianos: las personas mayores tienden a dormirse antes y, por tanto, también a despertarse antes.
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