En España, el consumo de suplementos y productos a base de plantas alcanza al 75 % de la población. Así lo ha revelado el último y único estudio transversal realizado en nuestro país, donde participaron cerca de 3.000 personas. Unos datos que también se ven reflejados en redes sociales como TikTok o Instagram, donde llueven las recomendaciones sobre cuál tomar según necesidades individuales, que suelen ser autopercibidas, ya que la mayoría de estos productos no se consumen bajo la supervisión de un profesional sanitario.
«De acuerdo con la legislación vigente, los suplementos son productos alimenticios orientados a complementar la dieta. Consisten en fuentes concentradas de nutrientes o de otras sustancias con efecto nutricional o fisiológico, comercializados de forma dosificada (cápsulas, ampollas, polvo…), que deben tomarse en pequeñas cantidades unitarias», explica Carlos Fernández Moriano, responsable del área de Divulgación Científica del Consejo General de Farmacéuticos.
Según Alma Palau, dietista-nutricionista y gerente del Consejo General de Dietistas y Nutricionistas (Cgcodn), este tipo de productos están destinados para «cuando existen déficits». Un caso típico son los vegetarianos y su necesidad de vitamina B12. «Cuando analizamos la ingesta alimenticia de una persona, nos cuenta lo que suele comer y detectamos que tienen alguna deficiencia porque no consume un grupo de alimentos». La experta señala que si es posible, se debe cambiar la dieta, pero cuando no lo es, hay que recurrir a la suplementación. Asimismo, la deficiencia de nutrientes puede ser perceptible en signos físicos, «como el pelo, las uñas, el color de la piel, los labios, encías o la lengua». Y por último, otra circunstancia en la que resulta necesaria es en personas mayores, «porque existe una mala absorción nutricional con el envejecimiento del sistema digestivo».
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