La enfermedad de células falciformes continúa siendo una patología poco visible, pese al profundo impacto que tiene en la vida de quienes conviven con ella. El Día Mundial de la Enfermedad de Células Falciformes, conmemorado el 19 de junio, ha vuelto a poner el foco en una enfermedad hereditaria grave y crónica(II) que en España afecta a 1.317 personas(I).
También conocida como anemia falciforme, esta patología afecta a los glóbulos rojos, responsables de transportar el oxígeno por el organismo(III). En estos pacientes, las células sanguíneas adquieren una forma anormal similar a una hoz, lo que dificulta su circulación y favorece la aparición de bloqueos en los vasos sanguíneos(IV). Estos bloqueos, denominados crisis vaso-oclusivas, pueden ser muy dolorosos y requerir atención médica urgente(II). Si no se interviene, pueden provocar inflamación y daño en los tejidos por la restricción del aporte sanguíneo y la falta de oxígeno(IV). En los casos más graves, la enfermedad puede causar daños en órganos y muerte prematura(II, III).
La imprevisibilidad de estas crisis es una de las principales cargas para los pacientes. Pueden aparecer en cualquier momento y condicionar actividades cotidianas como acudir a clase, trabajar, viajar o mantener una vida social estable. La enfermedad requiere tratamiento y seguimiento médico durante toda la vida(VII), con un uso significativo de recursos sanitarios(V, VI) y puede reducir los ingresos económicos(VII) y la productividad de los pacientes a lo largo de la vida(V).
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