El Instituto de Investigación Biosanitaria (ibs) de Granada y el Hospital Universitario Clínico San Cecili ha identificado un nuevo y preocupante vínculo entre la contaminación química ambiental y la salud nutricional de la población. Según los últimos datos recabados en investigaciones sobre toxicología, la exposición constante a disruptores endocrinos —sustancias presentes de forma habitual en plásticos, cosméticos y revestimientos— está interfiriendo directamente en la capacidad del cuerpo humano para mantener niveles óptimos de vitaminas. Este fenómeno explicaría por qué una parte considerable de la sociedad presenta déficits vitamínicos persistentes, especialmente de vitamina D, a pesar de seguir dietas equilibradas o recibir exposición solar adecuada.
El mecanismo de acción de estos tóxicos, principalmente bisfenoles y ftalatos, actúa alterando las rutas metabólicas que el organismo utiliza para procesar y almacenar nutrientes fundamentales. Al mimetizar el comportamiento de las hormonas, estos compuestos químicos confunden al sistema endocrino y provocan una degradación acelerada de las vitaminas esenciales. «Estamos observando cómo la presencia de plásticos en nuestro entorno diario no solo afecta al medio ambiente, sino que actúa como un ladrón silencioso de nutrientes dentro de nuestro propio torrente sanguíneo«, señalan expertos en salud pública vinculados al estudio de estos contaminantes.
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