La inflamación es una respuesta sabia de nuestro organismo ante lo que interpreta como una agresión. Es lo que ocurre cuando nos damos un golpe o nos resfriamos: se activa para enviar una señal de alarma al sistema inmune y desaparece cuando el peligro ha pasado. La doctora Ingrid Baquero, inmunóloga clínica en el Hospital San Juan de Dios de Pamplona, lo explica con una imagen sencilla: «Es como un interruptor: se enciende y se apaga, se enciende y se apaga».
En algunos casos, sin embargo, «este mecanismo deja de funcionar y el sistema inmune no es capaz de desinflamarse del todo». La respuesta permanece encendida, de forma silenciosa y a una intensidad mucho menor, durante meses o incluso años. Es lo que conocemos como inflamación crónica de bajo grado, un fenómeno asociado al envejecimiento celular, pero también a trastornos cardiovasculares, enfermedades metabólicas, como la diabetes, y sistémicas como la fibromialgia.
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