Septiembre es sinónimo de vuelta a la rutina. Y eso conlleva el retorno a las aulas de niños y adolescentes tras dos meses de desconexión y tiempo libre, una circunstancia que se complica cuando hay un problema de base. «La vuelta al colegio puede ser especialmente exigente para un niño o adolescente con TDAH porque, de repente, aumenta muchísimo la demanda sobre sus funciones ejecutivas y se produce de forma brusca un aumento en la exigencia de autorregulación», explica Johanna Villalobos, neuropediatra del Grupo de Trabajo de Trastornos del Neurodesarrollo de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (Senep).
Esta circunstancia no es exclusiva de menores de edad, ya que «el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que puede persistir en la edad adulta, aunque sus manifestaciones cambien. Por ello, tras las vacaciones, volver de repente a reuniones, correos, plazos y múltiples tareas puede generar una importante sobrecarga ejecutiva», advierte la especialista.
Noticia completa en La Razón
