La dermatitis atópica se caracteriza por una piel especialmente seca y sensible, cuya barrera protectora puede estar alterada. En España, afecta aproximadamente a 2,7 millones de personas, alrededor del 5,6 % de la población.
Uno de los riesgos es que cuando desaparecen el enrojecimiento, la descamación o el picor, muchos pacientes pueden pensar que el problema ha terminado. Sin embargo, la naturaleza crónica de esta enfermedad hace que el cuidado de la piel no deba limitarse únicamente a los momentos en los que aparece un brote.
«Uno de los errores más frecuentes es pensar que la piel solo necesita atención cuando aparecen síntomas. En la dermatitis atópica es importante mantener unos cuidados constantes que ayuden a conservar la barrera cutánea y a reducir el impacto de factores como el frío, el viento, la sequedad ambiental o determinados productos», explica el Dr. Miguel Sánchez Viera, director del Instituto de Dermatología Integral (IDEI).
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