En verano, ya sea en la piscina o en la playa, es frecuente detectar manchas y lunares que hasta ahora no se habían visto o han cambiado de forma, tamaño o color. Los expertos aseguran que es precisamente en ese momento cuando hay que prestarles especial atención porque pueden ser la primera señal de un cáncer de piel.
También conviene estar atentos a la aparición de un lunar nuevo, especialmente si es negro o presenta un aspecto inusual. Los dermatólogos afirman que en sus fases iniciales estas lesiones no suelen provocar molestias, lo que hace aún más importante observar la piel con regularidad y protegerla de la radiación solar, especialmente durante los meses de mayor exposición.
Los médicos aseguran que no hay que alarmarse, ya que la mayoría de las personas tienen lunares y, en casi todos los casos, son benignos (nevus). En los hombres suelen localizarse con mayor frecuencia en el tronco, la cabeza o el cuello, mientras que en las mujeres aparecen más habitualmente en brazos y piernas.
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