Los piojos son especialmente frecuentes durante la edad escolar y, tal como señalan los expertos, su aparición no guarda relación con la falta de higiene. Sin embargo, existen sencillos hábitos que las familias pueden incorporar en su rutina para detectar una posible infestación lo antes posible y evitar así que los parásitos ganen territorio.
Medidas de prevención
Conocer las zonas de mayor riesgo, los objetos que pueden favorecer el contagio y las señales de alerta permite actuar con rapidez y eficacia. Sin más misterio, revisar con regularidad las cabezas de los más pequeños y, en especial, si notamos que se rascan con insistencia. Debemos vigilar las zonas situadas tras las orejas y la nuca, y también tener en cuenta que las liendres se manifiestan como pequeños puntos blancos que no se desprenden con facilidad al pasar la mano: cuidado con confundirlas con caspa. Hay que procurar llevar a cabo la revisión con buena iluminación y bien equipados. En este caso la lendrera o peine de púas muy finas será nuestra mejor aliada y facilitará la detección tanto de parásitos adultos como de liendres que aún no han eclosionado.
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